Llevo dentro una mezcla inquieta de deseos que rechazan la paciencia. Ver a Daisy cambió mis prioridades al instante, porque algunos cuerpos exigen una atención inmediata y concentrada. Su pequeña figura no oculta nada, especialmente ese trasero redondo y firme que pide a gritos una apreciación codiciosa. La confianza de la rubia golpea primero, luego las curvas terminan el trabajo sin piedad. Daisy Stone VR subió a la cima de mi lista mental, dejando de lado la moderación. Esta noche ya se siente reclamada, cargada de anticipación y una promesa claramente física. Saber que es solo mía agudiza cada pensamiento y espesa la atmósfera. Esto no es fantasía; es un deseo carnal que espera ser tocado.
#2: Conexión con la hermandad femenina: Educación a distancia
Esta escena convierte el aislamiento en tentación, cambiando los pasillos abarrotados por distracciones privadas y arriesgadas. La educación a distancia te sumerge en una habitación estrecha donde ya bullen deseos prohibidos. Una compañera de piso adulta, en edad universitaria, llamada Daisy Stone, irradia problemas incluso antes de abrir la boca en Daisy Stone VR. Es arrogante, curiosa y demasiado consciente de lo que estás viendo a solas. Te tumbas en la cama, con el portátil encendido y las manos ocupadas, asumiendo que la privacidad aún existe. Daisy percibe la tensión al instante y abandona su clase online con una sonrisa cómplice. Lo que empieza siendo incómodo se vuelve obsceno cuando ella te elige a ti en lugar de a su pantalla.
Hace mucho tiempo que el mohawk, el delineador de ojos y las canciones de The Cure se cambiaron por gafas de realidad virtual. Esa etapa murió silenciosamente cuando la realidad prometió más emoción dentro de unas gafas. Entonces llama Daisy Stone, con voz inquieta, cachonda y americana, como en esos peligrosos bares de hotel. No hay discursos, porque el instinto toma el control, las llaves giran y la carretera se difumina rápidamente. Un hotel barato funciona bien. Daisy Stone VR ya está quitándose la confianza y las bragas al mismo tiempo. El sexo comienza hambriento, los cuerpos se golpean, la vaquera se frota con fuerza antes de que el misionero la inmovilice. Su humedad se mantiene constante, el calor y la presión venden la fantasía sin fingir que existe el romance.